Sindicalismo por rama o profesionales del sindicalismo (primera parte)

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Por estos días volvió a rondar el debate sobre qué modelo de sindicalismo es el que necesitan los trabajadores colombianos. Por un lado, se sostiene que hay que fortalecer los grandes sindicatos por rama; y, por otro, renace la tesis que se debe fortalecer el federalismo.


Lo primero que debemos reconocer es que en la actualidad el modelo organizativo sindical está basado en la democracia representativa. Modelo que en los años 60, con la llegada de la Revolución Cubana, generó un gran impacto en la sociedad latinoamericana y en los movimientos sociales, estudiantiles y sindicales. Es importante resaltar que para aquella época se vivía un ambiente de mayor formación política-ideológica que en la actualidad.

Indudablemente la democracia representativa es bienvenida en sociedades de avanzada, donde la variante es el trabajo colectivo, la solidaridad y la formación política de sus comunidades. Pero en una sociedad como la colombiana donde la variante es el individualismo, el oportunismo y la politiquería ¿qué podemos esperar? No quiero ser pesimista, pero con este panorama, donde además en los años 80 asesinaron un gran caudal de dirigentes sindicales realmente comprometidos con la causa, no nos queda más que pensar en la democracia participativa.

Para muchos trabajadores de base, en la actualidad, el sindicato o el directivo sindical representa un funcionario o asesor jurídico a su servicio. La falta de identidad ideológica hace que poco a poco algunos directivos vean en el ejercicio sindical una profesión y no un proyecto de lucha. Estos son los mal llamados profesionales del sindicalismo que, en muchos casos, son pensionados o desempleados y ven en los sindicatos un buen modus vivendi.

Como dicen por ahí, zapatero a  sus zapatos. Las centrales deben ser direccionadas por verdaderos dirigentes que representen los intereses colectivos de los trabajadores y no los intereses personales de algunos grupos políticos. Los grandes sindicatos por rama, además de proliferar la representatividad de profesionales del sindicalismo, propician la creación de pequeños sindicatos y la poca participación de trabajadores de base en la toma de decisiones.

Indudablemente, nadie conoce mejor su casa que el mismo dueño, el más apto para negociar un pliego de peticiones dentro de una empresa es el trabajador que conoce su misma empresa. Entonces, un sindicato es fuerte en la medida que le da participación a sus bases o afiliados y, al mismo tiempo, guarda los principios de libertad, autonomía, autogestión y solidaridad; que a ciencia cierta son los mismos principios de la Federación.

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