Sin el Pan y sin el Queso

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Negociar no es fácil, y más en un pliego de la envergadura del magisterio que representa a más de 300.000 maestros en el territorio nacional. Desde el inicio de las conversaciones la prepotencia de la ministra Gina Parody logró poner en el ojo del huracán la grave situación económica de miles de maestros que día a día luchan por la educación de los niños y niñas de nuestro país, tal vez por esta razón y muchas más, la retina de la opinión publica fijó su objetivo en la llamada nivelación salarial, que buscaba reconocer la profesionalización docente frente a los demás profesionales de nuestro país.


Claro la nivelación es importante y por muchos años seguirá siendo la bandera reivindicativa de la Federación, pero lo que muchos no sabemos es que el principal factor para hoy en día miles de maestros tengan bajos salarios es la famosa evaluación docente. En la actualidad, la mitad de los docentes del país son regidos por un nuevo decreto llamado 1278, a pesar de que estos docentes tienen postgrados y maestrías, el llamado decreto, limitaba su ascenso salarial con un examen donde no se medían sus verdaderas capacidades pedagógicas, sino que estaba diseñado exclusivamente a la disponibilidad presupuestal del Gobierno Nacional, esto significa que así el maestro hubiera pasado el famoso examen el gobierno solo podía garantizar el ascenso salarial del 20% de los maestros.

En conclusión mientras todos esperábamos una mayor nivelación salarial, la mesa negociadora logró derrumbar la trampa de una evaluación punitiva y dar paso de primera mano al ascenso de más de 60.000 maestros, la historia me absolverá pero el tiempo nos dará la razón. Si según el presidente Santos, solo el 12% del aumento salarial le costará al estado 5.1 billones, e impactará en cesantías y pensiones en más de 30 billones de pesos, entonces el ascenso de maestros 1278 sometidos a esta evaluación tramposa le costará al Estado muchísima pero muchísima plata más.

Ahora bien, en todo este rifi rafe, tampoco se valoró puntos de trascendencia como la política educativa. Recordemos que por la crisis económica, el plan de desarrollo pretendía castigar tanto la gratuidad como la alimentación de miles de niños colombianos, tal vez eso pase por alto, pero si solo pensamos en lo estomacal qué propuesta de país nos estamos planteando. Por último, difícilmente conoceremos todos los intríngulis de esta negociación, soy del principio que si se hubieran refrendado ante las bases de cada región y cada colegio, con toda seguridad hubiéramos hecho de estos acuerdos una gran fiesta del sindicalismo colombiano, pero como el tiempo nos ganó de mano y ese día se votaba el plan de desarrollo, podíamos quedarnos sin el pan y sin el queso.